lunes, 22 de octubre de 2018

Misticismo medieval

La teología se fue desarrollando a partir de las experiencias místicas monásticas,  donde aparecen figuras relevantes como la de Bernardo de Claraval que mediante sus escritos da testimonio de la profundidad de sus vivencias místicas, donde se esboza una teología que nace del conocimiento profundo de la naturaleza humana, donde nada queda excluído, donde el cuerpo, las pasiones y los sentimientos del ser humano quedan totalizados en la humanidad de Cristo; en sus sermones sobre  El Cantar de los Cantares, coloca el sufrimiento de Cristo como centro de devoción y reflexión. Se puede decir que "la mística de la Edad Media es a través de Cristo hombre, hacia Cristo Dios"

En ese contexto, aparecen experiencias de gran intensidad como la de Hildegarda von Bingen, Guillermo de Sant Thierry, Ricardo de San Victor, Gregorio Magno, Juan Escoto Erígena, Pedro Abelardo y Anselmo de Canterbury, que apoyan su teología en la fe y en la experiencia;  y lo hacen de una forma analítica y discursiva, sus escritos hablan de la experiencia de Dios en un lenguaje que pone en evidencia un ejercicio de pensar, comprender y actuar, la experiencia de Dios se convierte en el principio fundamental de todas las cosas, y se resuelve en una mística de la cotidianidad.

Las mujeres tuvieron un papel preponderante en esta vivencia experimental de Dios, profundizaron un modo de hacer teología que unificaba el conocimiento con la experiencia y que siempre encontró su praxis en el "hacer" cotidiano. Las místicas a la cual voy a referirme en las proximas entradas encontraron, en el simbolismo del amor cortés, predominante a lo largo del siglo XII, la expresión metafísica del amor a Dios, gracias a su vasta cultura tanto profana como religiosa, y la influencia de los cirtercienses, dieron vida a un lenguaje apasionado para expresar sus experiencias místicas, y proclamar así una especie de evangelio interior que pone en la escena principal el Amor a Dios.

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