miércoles, 24 de octubre de 2018

La espiritualidad beguina

En la Edad Media brilló una experiencia colectiva femenina, llamada beguinas, eran mujeres cristianas y laicas que no pertenecían a la vida religiosa monástica, y que decidieron vivir su espiritualidad al margen de las reglas de su tiempo. Se sabe que se organizaron para tener autonomía financiera, eran cultivadoras de lino y tejedoras, y se dedicaron no solo a rezar y a formarse sino que además tuvieron una profunda convicción de servicio. Se estima, que a lo largo del siglo XII y comienzos del XIII los beguinatos se fueron expandiendo, fue en el contexto del auge de la espiritualidad laica, que se abrió camino como una alternativa a la religiosidad que estaba restringida solo al ámbito eclesiástico.

El beguinato flamenco que era un conjunto de construcciones que podían albergar hasta trescientas mujeres se extendieron a lo largo de la región del Rhin y albergaron a mujeres de distintas condiciones sociales, a diferencia de los monasterios al que solamente podían acceder las mujeres de mayor nivel social. Muchas fuentes históricas dan testimonio que el movimiento de las beguinas tuvo un fuerte impacto en la sociedad, por su modo de vida, su servicio, y como interpretaban las sagradas escrituras. 

El Concilio de Viena de 1312 decretó que su modo de vida debía ser prohibido, y se expidió de la siguiente manera:

"Las mujeres comúnmente conocidas como beguinas, no prometen obediencia a nadie, ni renuncian a las poseciones, ni profesan ninguna norma aprobada, no son religiosas en absoluto, a pesar de que llevan el traje especial de beguinas y se adhieren a ciertos religiosos a los que tienen una atracción especial. Hemos escuchado de fuentes confiables que hay algunas beguinas que parecen estar dirigidas por una locura particular. Sostienen y predican sobre la Santísima Trinidad y la esencia divina, y expresan opiniones contrarias a la fe católica con respecto a los artículos de la fe y los sacramentos de la Iglesia. Estas beguinas así atrapan a mucha gente sencilla, llevándolos a varios errores. Que generan numerosos otros peligros de las almas bajo el manto de la santidad. Con frencuencia hemos recibido informes desfavorables de su enseñanza y justamente se miran con recelo. Con la aprobación del Sagrado Concilio, se prohibe permanentemente su modo de vida, se prohibe a estas y otras mujeres, bajo pena de excomunión que sigan enseñando, aun cuando la comisión las aprobó hace mucho tiempo". 

Se esta forma comenzó la persecusión contra las beguinas hasta su extinción, algunas de ellas fueron sentenciadas a muerte, como el caso de Margarita Porete que bajo el decreto de la bula Ad Nostrum del Papa Clemente fue entregada al brazo secular de la Santa Inquisición y quemada viva. Las beguinas que quedaron dispersas fueron obligadas a entrar en los conventos bajo la potestad masculina o debieron aceptar la institución matrimonial.  Aún así, a pesar de ser silenciadas perduraron sus escritos, dejando testimonio de la gran espiritualidad que practicaron éstas mujeres, algunas de ellas a la cual voy a referirme más adelante, fueron grandes místicas que merecen ser conocidas y valoradas. 

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